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Jueves, 13 de julio de 2006

¡Contra Su-Historia, Contra el Leviatán! Cap. 7

[Traducción del capítulo 7 de Perlman, Fredy: Against His-Story, Against Leviathan! Red & Black. Detroit, 1983.
Traducido por Antón Irimia, antonfdr[]yahoo.es, Revista Simulacro]

7.

Con la llegada de los Medas, Persas y Escitas podemos entrever, pero solo entrever, lo que se ha estado elaborando en los calderos de las brujas y chamanes de las montañas y estepas Euroasiáticas.

Cuando llegaron los Guti, Kasitas, Hititas y griegos, no pudimos mirar dentro de su pasado porque ellos habían olvidado o reprimido cualquier posible memoria de él. El Griego Hesíodo solo recordaba que el pasado fue dorado comparado con su propia era, pero había olvidado la mayoría de los detalles.

Cuando llegaron los Persas, recordaban a un visionario, o un movimiento de visionarios, llamado Zaratustra, y preservarán los trazos supervivientes de su memoria en libros.

No se sabe si este Zaratustra vivió en las estepas o en las afueras del imperio neo-Babilónico, o siquiera si fue un hombre o una comunidad.

Zaratustra redujo las cinco generaciones de Hesíodo a dos: una fuera del Leviatán, la otra adentro.

Lo afuera es Luz, Ahura Mazda, asociado a los espíritus del fuego, la tierra y el agua, con animales y plantas, con Tierra y Vida. Ahura Mazda es la fuerza y la libertad de la generación que Hesíodo consideró la primera, la dorada.

Lo adentro es la Oscuridad, Ahriman, también llamado La Mentira. Ahriman es el Leviatán así como la coraza Leviatánica que trastornó la comunidad antigua.

Nietzsche va a reconocer que Zaratustra hizo un llamamiento a los humanos a elevarse en estatura, a ser más que mercaderes de vino y olivas. Zaratustra anunció y tal vez incluso proclamó la guerra del Ahura Mazda contra Ahriman.

Esta guerra no sería un cortés éxodo dirigido por un oficial. Zaratustra sabía que los seguidores arrastrados por la nariz no recobrarían su libertad. Ahriman está en la guerra y en el individuo. La guerra contra Ahriman está inscrita en el mundo y en el individuo. Es simultáneamente una lucha contra el Leviatán y contra la coraza. Esta inscrita en el fuego, el gran purificador. La máscara es incendiada, la coraza es incendiada, el Leviatán es derribado. Y la aflicción se dará en el mundo si el fuego cae ante Ahriman, ¡en las manos de los hombres acorazados!

A pesar de las advertencias y las precauciones de Zaratustra, el fuego de Ahura Mazda cae en las manos de un hombre acorazado, Cyrus, el bisnieto de Achaemenes el Persa. Este Cyrus no vacila en llevar a la gente de la nariz. Entrenado por los Medas, que habían heredado no solo de Elam sino también todo lo que los Elamitas habían aprendido de un centenar de generaciones de Leviatanes Mesopotámicos, Cyrus como Moisés se deja arrastrar por su acorazamiento.

Aquellos que se dejan llevar de la nariz no ven la coraza de Cyrus. Todo lo que ven es el manto de Cyrus, el manto de Zaratustra. Piensan que Cyrus no les está llevando de nuevo a la misma y vieja trampa, sino a un lugar completamente diferente.

Entre todos estos seguidores hay numerosa gente de afuera [ousiders] cuyas comunidades han sido gravemente heridas por los Leviatanes Mesopotámicos, gente de las montañas y de Partia, Afganistán y la India. También muchos insiders acorazados siguen a Cyrus, aquellos que tiempo atrás esperaron de los Caldeanos que destruyeran, y no que restaurasen, el monstruo Asirio.

Uno de los insiders acorazados, un hombre llamado Isaías que podía pensar en la liberación solo de forma muy reducida, solo en términos de su círculo propio más inmediato, piensa que Cyrus es el Mesías:

I [the lord] have roused up one from the north, and he is come...
And he shall come upon ruler as upon mortar,
And as the potter treadeth clay.

To open the blind eyes,
To bring out the prisoner from the dungeon,
And them that sit in the darkness out of the prison-house.

Thus saith the Lord to his anointed,
To Cyrus, whose right hand I have holden,
To subdue nations before him,
And to loose the loins of kings,
To open the doors before him,
And the gates may not be shut:
I will go before thee,
And make the crooked places straight;
I will break in pieces the doors of brass,
And cut in sunder the bars of iron...

Las expectativas del menos acorazado son indudablemente mayores. Los Persas vistiendo el manto de Zaratustra pueden dar aliento a tales expectativas porque hay un sentimiento de repugnancia desde el Estrecho de Gibraltar hasta el Mar Chino, y el objeto de esta repugnancia es el Leviatán.

En la distante China la gente está diciendo que la coraza y la máscara del Leviatán no son el Camino. Están aprendiendo a experimentar el goce del elevarse del sol y del efusivo manar de la fuente, no de la caída de un enemigo o del manar de sangre de la herida. Están empezando a deshacerse de la coraza. Está diciendo que el ser humano, que tiene mucho, se convierte en muy poco.

En la India la gente está diciendo que el Leviatán y sus distinciones y jerarquías artificiales no son la última realidad, que no son realidad alguna. Están rompiendo todas sus ataduras con el Leviatán y concentrándose en quemar la coraza que los ha aprisionado entre sus tripas. Están intentando librarse de las astillas definitivas, para ellos también se trata de recordar que los seres humano son mucho, que los seres humanos solían volar.

Desde un extremo al otro del continente entero, círculos de mujeres están danzando alrededor de los fuegos celebrando la emergencia desde las cenizas de unos nuevos seres humanos. Toda Eurasia está bailando.

Si debemos etiquetar la danza, la podemos llamar un rechazo generalizado de la Civilización y todas sus máscaras y corazas.

No podemos llamar a la danza “religión”. El camino a un ser humano libre es Todo; no hay nada por encima de esto. La religión es parte del Leviatán; debe haber comenzado como un camino pero no es por más tiempo uno; este ha sido aplastado y convertido en una parte de la coraza del Leviatán.

Nosotros no hemos aprendido de la repugnancia o de la expectación de renovación humana de estos danzantes porque los ejércitos ignorantes, entre ellos especialmente Cyrus, rompieron sus círculos.

Aprendemos de los niños y los niños de los niños que ellos mismos no han bailado, pero que han escuchado de estos bailes.

En China las visiones de Lao Tse, vagamente contemporáneas a las visiones igualitarias de Zaratustra, están recogidas en libros y vienen a ser conocidas como El Camino.

En la India las visiones de uno llamado Gautama son recogidas y vienen a ser consideras por los enmascarados y acorazados como técnicas para liberarse de la máscara y la coraza.

En Grecia, los ecos de las esperanzas permanecerán con las mujeres que continúan danzando y recuerdan haber visto emerger de las cenizas a un nuevo Dionisio. Los ecos también permanecerán con los músicos que se juntan con Pitágoras de Samos para renovar las esperanzas.

Las principales líneas generales de lo que llamará Turner “la crisis del culto”, la Cristiandad, la preceden en veinticinco o treinta generaciones. Y las principales líneas generales de la inversión de la crisis de culto también la preceden, y por al menos tantas generaciones. Cyrus el Persa el cual viste el manto de Zaratustra y el último Ashoka Indio que viste el manto de Buda son ambos precursores de Constantino y los Papas.

***

Los Persas que arrasaron el imperio neo-Babilónico de los Caldeos no reactivaron los motores de guerra Asirios. Tal cambio radical no casaría bien con las expectativas de los seguidores.

Cyrus se mueve despacio, con escuadrones de elefantes, camellos y caballos. No necesita el terror Asirio. Simplemente pasea su ejército a lo largo de Eurasia. La mera apariencia y tamaño de su multitud móvil inspira terror, y el recuerdo de la crueldad Asiria incita a la sumisión.

Durante los primeros años del reinado del hijo de Cyrus, el Leviatán Persa incluía Egipto también, y abarcaba mundos de los cuales los Asirios tan sólo habían escuchado hablar.

Mientras tanto, las visiones de Zaratustra son reducidas a una religión. La gente que quiso ser más es instada a continuar siendo menos y a esperar. Los sacerdotes demuestran su decidido compromiso en copiar y preservar el Camino, el Avesta, en un libro. Los mismos sacerdotes convencen a la gente de que la renovación llegará tan seguro como a la noche le sigue el día, pero no durante el reino del gran Cyrus. La renovación llega después de que la gente muere, por su voluntad cruzarán el puente e irán por un camino que va al reino de la Luz y ahí, y solo ahí, Saoshyant el Savio los librará de las garras de la muerte.

Después de que el gran Cyrus en persona fuese a buscar a Saoshyant a ese camino detrás del puente, su hijo Cambyses guió a sus multitudes acorazadas a través del Levante y hasta abajo del Nilo. El simple exotismo del circo viajero Persa desarma a cualquier Egipcio que tenga en mente resistir. Los Persas se burlan de las antiguas prácticas del Templo cuando llegan, pero compensan sus burlas prometiendo ayuda al Templo. Prometen hacerse cargo de todas las necesidades del Templo, de forma que el Faraón y sus sacerdotes tengan incluso más tiempo para dedicárselo a los dioses.

Lo que Cambyses no dice es que algo de su cola, los mercaderes Levantinos y Babilonios, se van a quedar atrás cuando el gran ejército vuelva al Creciente Fértil. Egipto había levantado sus defensas para librarse de la rapacidad de los mercaderes Mesopotámicos, y de esta rapacidad se había librado por cien generaciones. Pero, en los tiempos de la llegada de los mercaderes Asirios, ningún Egipcio recordaba porqué el primer muro había sido construido, y ahora que Cambyses se va, pocos prestan atención a esos hombres siempre ocupados con las mercancías.

Un victorioso Cambyses abandona Egipto, pero, a su vuelta, en vez de encontrarse con guirnaldas se encuentra con la mitad de su reino levantado en armas contra él. Resulta que los primeros seguidores de Cyrus realmente pensaban que Cyrus y su hijo habían venido desde el norte para prenderle fuego a la máquina recaudadora-de-tributos, no para hacerla funcionar. Cambysse se dirige a hacia la antigua ciudad de Abraham, Harran, donde los últimos Asirios se intentaron esconder de sus sublevados zeks, y ahí, se dice, el hijo de Cyrus se suicidó.

Los Persas se juntan con los Caldeos y los Arameos para celebrar la muerte del tirano, y un seguidor de Zaratustra proclama el fin del Leviatán.

Pero Darío, un primo lejano de Cambyses cuyo título está en su fuerza, se rodea de hombres acorazados nostálgicos de Asiria, y con estos hombres y métodos reprime a los rebeldes y restaura el Leviatán recolector-de-tributos.

Darío se proclama entonces Rey del reino “por la gracia de Ahura Mazda.” Independientemente de las esperanzas que los individuos hayan logrado mantener vivas, ahora se pudren dentro de ellos como los barcos vacíos de Tiro.

Sus-Historiadores llamarán a Darío “El Grande” porque restaura los métodos Asirios y los lleva a un reino mucho más grande, a un Leviatán que se extiende sobre la mitad de Eurasia, desde el Sur del Nilo hasta las aguas del Indo.

Pero ahora, al menos, los Egipcios recuerdan porqué construyeron sus murallas. Por fin advierten que las apropiaciones de los mercaderes son enormes, mucho mayores que las recaudaciones de los recolectores-de-tributos. Los mercaderes toman mucho más de lo que todos los Templos Egipcios necesitan y dan muy poco de todo lo que toman a los Templos.

Los Egipcios intentan evadirse del Leviatán Persa, pero el Gran Darío tiene acceso a reclutas de la mitad del mundo, y sus reclutadores van a buscar más a los bosques y valles del Sur de Egipto, sesgando y perturbando las comunidades, desencadenando oleadas que afectarán a África así como las primeras oleadas afectaron a Eurasia.

El gran ejército derriba las murallas de Egipto, definitivamente. Por los tiempos en los que los grandes Persas, los grandes Griegos y los grandes Romanos han terminado con Egipto, el que fue el reino más rico del mundo será ahora la colonia más pobre de todas.

El Leviatán Persa se ha comido a todos los otros leviatanes del mundo. Se sospecha de la existencia del distante Leviatán Chino, pero pocos van hasta allí, y las historias contadas sobre él por los Escitas no pueden ser creídas.

De cualquier modo, los Persas saben que hay un mundo fuera del Leviatán que está más cerca y más a mano que China. Vuelven su atención sobre los Escitas, los salteadores nómadas armados con hierro, que acompañaron a los primeros Persas al Creciente Fértil pero que todavía no han sido incorporados al reino de Darío. Darío y sus huestes se ponen manos a la obra para reparar este descuido. El gigantesco ejército sigue la abandonada ruta Hitita a través de Anatolia, atraviesa el Hellesponto, se mueve hasta Tracia.

Pero los Persas, con todo su acorazamiento Asirio y Babilonio, han olvidado cómo de móvil la gente de las estepas solía ser –y todavía es. Los persas atrapan a un salteador aquí a otro allí, pero no pueden encontrar ninguna ciudad, ningún palacio, ningún templo, ni siquiera un campamento central. Los hombres acorazados no pueden imaginar cómo puede vivir la gente de esta manera: en los bosques, sin cuadrillas de trabajo. Esto, para los hombres acorazados del Leviatán, es salvajidad. Y Darío decide que su ejército, todo lo grande que es, no es lo suficiente para tragarse la salvajidad.

***

Por: raksasa | Fredy Perlman | Comentarios (0) | Referencias (0)

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